martes, 21 de agosto de 2007

Solidaridad uruguaya

Adolfo R. Taylhardat

El pasado martes 7 de agosto, el mismo día que Hugo Chávez hizo escala en Montevideo como parte de su más reciente magnánimamente munífica gira suramericana, el diputado uruguayo del Partido Nacional Jorge Gandini pronunció en el Parlamento de su país una extraordinaria intervención que todo venezolano debería conocer. Este discurso, estoy seguro, refleja el sentir de la mayoría de los uruguayos. Además constituye una muestra patente de que no estamos solos. Más allá de nuestras fronteras tenemos muchos amigos que están seriamente preocupados por lo que ocurre aquí y, sobre todo, por el propósito de Chávez de implantar un régimen de corte monárquico erigiéndose él mismo en una especie de César para disponer del destino de los venezolanos como le venga en gana. Jorge Gandini me ha autorizado a reproducir el texto completo de su importante discurso en este, mi espacio semanal de El Universal Digital.


CÁMARA DE REPRESENTANTES
SESIÓN DEL MARTES 7 DE AGOSTO DE 2007
Exposición del Diputado Jorge Gandini
Reelección presidencial en Venezuela
SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor diputado Jorge Gandini
SEÑOR GANDINI.- Gracias, señor Presidente.

En el marco de la visita que realiza hoy al Uruguay de manera sorpresiva, el presidente de Venezuela, quisiera hacer algunas referencias al proceso interno que vive ese país.

Lo hago sin ninguna reticencia, dado que el Presidente venezolano, que suele mencionar las limitantes existentes para declaraciones de otros con respecto a su país y catalogarlas como intromisión en asuntos internos, es quien, precisamente, avala en forma permanente cualquier conducta posible de esa naturaleza. Viene de apoyar la candidatura presidencial de uno de los aspirantes a la Presidencia de la República Argentina. No hay mayor intromisión en la política interna por parte de un gobernante de otro país que esa; por supuesto, ningún partido político podría tolerar en el Uruguay que hable de candidatos ni que financie campañas, tema que seguramente será de nuestro interés en los próximos años.

En cuanto a la situación interna en Venezuela, quisiera hacer mención al proceso que se vive, impulsado por el presidente de la República, para reformar la Constitución y consagrar en ella la reelección indefinida. El presidente venezolano no utilizó ninguno de los sistemas previstos para iniciar un proceso de reforma en su Constitución, y conformó una comisión cuyas sesiones son de tipo reservado; no se conoce lo que esa comisión está debatiendo ni cuál es la reforma que va a someter a plebiscito hasta el momento en que ese debate termine. Pero todos saben ya cuáles son los contenidos fundamentales. El principal de todos: la reelección indefinida.

Es bueno ubicar esta aspiración en el contexto regional. En nuestra América Latina, nueve países permiten la reelección alternada, entre ellos el nuestro; cuatro prohíben totalmente la reelección: un presidente que lo fue una vez no podrá volver a serlo ni inmediatamente ni con un período intermedio; cinco países sí permiten la reelección inmediata: Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana y la propia Venezuela, y todos excepto Venezuela por mandatos de cuatro años. Venezuela lo permite por un período de seis años, lo que implica la posibilidad de que un presidente gobierne durante doce años de manera continua. Sin embargo, hoy, en nuestro continente ninguna democracia permite la reelección indefinida. Los latinoamericanos tenemos nueve países que tienen períodos presidenciales de cuatro años; siete, de cinco años, y solo México y Venezuela, de seis. Pero México no permite la reelección. Quiere decir que Venezuela permite tener el período más largo de toda nuestra América Latina: doce años.

Frente a esto, habría que recordar lo que dijo Bolívar; ya que el presidente Chávez es tan bolivariano, sería bueno recordarle lo que dijo Bolívar en 1819 en el Congreso de Angostura, cuando se discutía una nueva Constitución para ese país y la reelección. Hace ciento ochenta y ocho años, en Angostura, Bolívar decía: "[…] y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente". Más adelante, Bolívar decía: "La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos". Por último, Bolívar expresaba: "[…] nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía".

De allí, del Congreso de Angostura, surgió un período electoral de cuatro años y una sola reelección.

Las pretensiones del mandatario venezolano lejos están del pensamiento bolivariano y del pensamiento democrático de América Latina.

Sólo quiero recordar a los venezolanos que los uruguayos pertenecemos a un país donde la dictadura quiso prolongarse en el poder, manoseando nuestra Carta Magna y estableciendo en ella una nueva legalidad que le permitiera dentro de esa supuesta legalidad permanecer en el poder. Y en 1980, en plena dictadura, el pueblo uruguayo, con una represión que no le permitió decir la verdad, triunfó contra la dictadura.

A fin de año los venezolanos se enfrentarán a la perpetuidad en el poder de este hombre que quiere disfrazar una dictadura de democracia. Seguramente, el pueblo venezolano encontrará el camino para también decirle "no". Los uruguayos podremos ayudar inspirando la resistencia de un pueblo democrático.

Solicito que la versión taquigráfica de mis palabras sea enviada al Parlamento venezolano, a la organización Ciudadanía Activa, de Venezuela, y a la Embajada de Venezuela en Uruguay.
Gracias, señor Presidente.

Montevideo, 7 de agosto de 2007.-

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